Hacía rato que la esperaba sentada en la penumbra de la sala de fiestas en la que trabajaba.
Las sillas solas en perfecta formación mirando hacia el escenario.
Toda la sala en perfecta pausa del orden excepto la mesa que ocupaba y varias sillas.
Como si un torbellino se hubiera colado entre el techo de espejos y el suelo del local deshaciendo esa parte de la platea.
Sobre la mesa una botella de zumo de tomate, papeles de caramelos rebosando el cenicero, un botellín de cerveza con lágrimas frescas que indicaba recién sacado de la nevera del bar, ceniza, un cuaderno,pinturas de colores, un teléfono fijo con su cable tan tenso que parecía querer huir a su lugar de origen...
Le había preguntado casi sin volver la cara hacia la figura que venía hacia ella.
No necesitaba esperar a que se apoyara en el respaldo de una de las banquetas descuadradas de lugar.
Se incorporó y se quedó erguida en la silla casi rozando la mesita con su cuerpo.
Terminó el pastel mientras los otros zapatos llegaban hasta ella con compás de trabajo cumplido.
Le alargó el botellín y lo removió como si pudiera tintinear.
Aun en sombra la figura que estaba ya junto a ella abrió el botellín y devolviéndoselo con una marca de pintalabios más y un trago menos respondió:


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