martes, 23 de julio de 2013

Otra. Version 3. madera

Le bauticé con Fiebres. Bautizo para mis adentros a todos los clientes de mi bar en cuanto se sientan en la banqueta.
Olvido el sobrenombre que les he puesto si no vuelven nunca y suelo reutilizarlo con los siguientes que entran a tomar un café a primera hora y desaparecen en las fauces de esta ciudad oxidada.
Pero era la segunda vez que venía.
Y aunque la primera nadie hubiera comprendido que le llamara así, ésta vez, esos mismos nadies me hubieran dado la enhorabuena.
Sus ojos infinitamente perdidos en alguna fiebre, desonriendo la mueca hacía su boca la primera vez.
Su lástima de los hombros colgada. Frente a mí, con los codos marcando las 3.15.
--Le dije a modo de consuelo. Como si los líquidos que vendo fueran a curar esa fiebre.

--Respondió con el susurro más seco y lastimero que había escuchado nunca.
 
Dejó bajo un golpe seco de su palma un billete que pagaba la suma de las rondas.
Recuerdo esos dedos que más parecían brotes de un arbol que las fiebres no dejaban crecer.

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