Llegó a la fachada donde no había una parada de autobús pero les recogía .
Los demás que ahora le siseaban un buenos días entre humo
de cigarrillos negro y vaho de febrero.
Nada al final de la calle.
Noche de día de invierno.
Se separó un poco del resto, caminó hasta una fuente. Topó con sus zapatos el hormigón redondo.
Se asomó a sí mismo y temeroso de morir como Narciso susurró:
-Otra?-
Lástima que el autobús chillara frenando y no se quedara a la respuesta que su reflejo le daba:
- Si, otra-
Fundido a negro desde plano corto de moneda cayendo a una fuente.


No hay comentarios:
Publicar un comentario