Las venas de esta ciudad deslizan cápsulas metálicas.
Darossa se perfila el fiero ojo mientras otra mano cuelga inerte etermanmente a lo largo de su dulce cuerpo.
Todo es mentideramente plástico como contenedor amarillo.
Venenno no ve cómo quema con el ardor de su grupa el último superviviente de la noche casi infinita.
Quejido sordo de ascensor que sube a algún 8º cielo seduce como saxo llorón.
Laduda tintinea índice sobre su bastón mientras decide si será el vestido negro ó el dorado.
La lámpara de queroseno cuelga del cielo, sustituto de astro rey.
Maga baja las escaleras metálicas formando compás de claket obsevada por sus dos gatos guardianes de alféizar.
El quicio de un tejado llora formando charco de quejas insanas.
Vinagre rompe todos los silencios menos el de su sordo cuerpo con los tacones sobre el callejón.
Nubes de humo de fábrica de banqueros hacen telón a la víspera del estreno.
La del sombrero negro yFaldalunare estiran de la silla con ruedas que lleva a Molinaroja por el túnel que separa la ciudad de los suburvios. De nuevo las tres liaron la noche y vuelven amanecidas, las ruedas hacen son de violines, la risa de ellas el sonajero del regreso con el deber cumplido.
Desde el sombrero de un bloque de edificios, la madamme vigila que todas las perras tengan las cuentas de sus collares sincronizadas, los cañones de sus carmines prestos al desenfunde, el amonal de la seda de sus medias bien a mano, la olla con el tic tac del Cabaret esperando para reventar en plumas todo el núcleo podrido de la alta Jerarkía.
Welcomme... silban todas mientras se dirigen al ensayo....

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