Los días son rítmicos. Marcados al son de míseros golpes contra cajón.
Las paredes eternas. Pintadas del color que no aspira nadie y que no inspira nada.
Los aviones partiendo la ventana. Dejando tras de sí una estela que decora por un rato el cielo de cartón.
Mis vidas asépticas. Manchadas de rutinas y en crespón violeta bajo palio de sumisiones.
Los huesos en quejío al no caber en tan estricto son. Dejando danza de lobo enjaulado.
De miradas tristes y lacónicos lamentos. Viajando en caravana de circo hacia angustioso polígono.
No hay comentarios:
Publicar un comentario